Jerusalén en tira cómica (lo que en francés viene a ser en “bande dessinée”)

La ironía del lenguaje ha querido que Jerusalén, cuna de interminables conflictos durante siglos,  sea el nombre de una ciudad formada por las palabras hebreas  yeru (casa) y shalem (paz). En la llamada Tierra Santa la actualidad mediática viene marcada por un Jerusalén Este, una anexión, un muro de hormigón, una explanada de las Mezquitas que echó chispas, una minoría cristiana que mengua, asentamientos ilegales, resoluciones no cumplidas, la eterna e indivisible para unos, la capital de un futuro estado para otros y un largo etcétera al que sobrevive una Ciudad Vieja dividida en cuatro barrios y a cuyo interior se accede a través de siete puertas, la nueva, la de Sión, la de las Basuras, la Dorada, la de Herodes, la de Jaffa, la de Damasco y la puerta de los leones, cuenta la leyenda que colocados en las murallas tras un sueño de Suleiman el Magnífico, que durmió acechado por unos leones que querían despedazarlo por no proteger la ciudad como era debido y que al despertar decidió cercarla con unas murallas.

De todas las ciudades del mundo, Jerusalén es la más sagrada, en su interior se codean los lugares más sagrados de las tres religiones monoteístas. Judaísmo, Cristianismo e Islam. Para los primeros es el lugar donde el rey David estableció la capital del reino de Israel y donde se construyó el Templo Sagrado, hacia donde deben dirigirse las plegarias y del que lo único que se conserva es el Muro de las Lamentaciones, el lugar sagrado más importante para los judíos, hasta donde peregrinan creyentes de todo el mundo para realizar sus oraciones y guardar sus peticiones en trozos de papel escondidos entre las grietas y espacios de las piedras del muro. Para los cristianos es el lugar donde Jesús predicó, fue crucificado y resucitó al tercer. La Iglesia del Santo Sepulcro, que se erige en el Monte del Calvario, es el lugar donde Jesús fue crucificado, adonde llegó caminando por la Vía Dolorosa desde el tribunal que le juzgó. Y los musulmanes cuentan con Jerusalén como ciudad que acoge el tercer lugar más sagrado del Islam, la cúpula dorada del Domo de la Roca, un santuario construido por Abd el-Malik que rodea un fragmento de piedra negra desde donde Mahoma ascendió al cielo y realizó su viaje nocturno.

Dicen que la Ciudad Vieja tiene un halo místico, pero al margen del periplo turístico -y el aliento de un Dios de muchos que respira en cada piedra y adoquín- Jerusalén tiene un rostro, ¡múltiples!, mucho más cercanos, cuotidianos, si se quiere hasta más similares al mediático al que nos hemos acostumbrado, el de los mapas, territorios, estados, líneas verdes, controles, cacheos, colonias … El ilustrador y dibujante canadiense Guy Delisle, que entre agosto de 2008 y julio de 2009 se mudó a la ciudad con su mujer, miembro de Médicos sin Fronteras, y sus hijos, tomó lápiz y papel y se sumergió en los trazos/relatos de este Jerusalén del día a día, creando una nueva colección de ilustraciones que han salido a la calle en forma de libro, Chroniques de Jerusalem (de Ediciones Delcourt). Una narración que mezcla crónica, autobiografía, viajes y relato social, con un estilo sobrio y un agudo sentido del humor que adentran los ojos del curioso a una ciudad, una tierra, un conflicto, sin caer en la complacencia ni tomar partido. Para quienes quieran más, éste es el enlace al blog que Delisle mantuvo durante su estancia en Jerusalén, titulado Jerusalén, un canadiense errante en la Ciudad Santa. Y para interesados en la versión en español, buscad por Astiberri Ediciones.

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