Niebla de(L) riachuelo

La canción canta a un río que nunca se dejó de contaminar y que lo que menos tiene es agua. Turbio fondeadero donde van a recabar barcos que en el muelle para siempre han de quedar… Hace meses, Soledad Gallego Díaz escribía en EL PAÍS acerca de uno de los lugares más contaminados del planeta (El riachuelo más peligroso del mundo, 16-05-2010 EL PAÍS), más de 60 kilómetros de aguas que desembocan en el Río de la Plata y recorren diversos municipios de la provincia de Buenos Aires. Agua muerta y putrefacta, lodo, basurales, residuos y vertidos industriales, años de desidia, abandono e imprudencia que han traspuesto la definición de agua: NI inodora, NI incolora NI insípida.

Su nombre oficial es Cuenca de Matanzas-Riachuelo pero el alías en su desembocadura es Riachuelo, que a su paso por el barrio de La Boca (Buenos Aires) intenta esconder a los ojos del turista su larga historia de milongas y promesas no cumplidas para regenerar el espacio. Un informe publicado por Greenpeace el pasado 2010, denunciaba la grave situación ambiental de Cuenca Matanza, con niveles de contaminación críticos en los cursos medio y bajo del río y con consecuencias directas sobre la salud y la calidad de vida de los habitantes de la zona.

Se calcula que en la Cuenca viven unos 5 millones de habitantes, de los cuales un 35% no tiene agua potable. Los niveles de mercurio, zinc, plomo y cromo están 50 veces por encima de los valores legalmente admitidos y, periódicamente, el agua contaminada (debido a los vertidos tanto industriales como domésticos) inunda viviendas, calles y terrenos. Datos actuales cifran en 20.000 los agentes contaminantes del río, industrias como la química, la petroquímica o la metalúrgica vierten sus residuos junto a los desechos domésticos de los barrios situados en las ribas del Riachuelo. Un incontrolado desarrollo urbano e industrial, la concentración de industrias y viviendas con escasa y deficiente planificación y la proliferación de las villas se suman al paisaje.

Niebla del riachuelo, amarrado al recuerdo yo sigo esperando… Todavía canta la canción, suena a medio presagio y es que de los planes, promesas y compromisos poco ha llegado. Náufragos del mundo y barcos carboneros que jamás han de zarpar… En 2008 un fallo de la Corte Suprema exigió a los tres gobiernos que tienen responsabilidad sobre la cuenca: (nación, provincia y ciudad de Buenos Aires) que pusieran en marcha un plan urgente de saneamiento. La Corte ordenó asentar en otros lugares a los pobladores de las villas cercanas al río y conseguir que las empresas que vertían sus residuos a lo largo de la cuenca pusieran en marcha planes de reconversión.

Tras dos años de escasos avances, un juez federal encargado de la ejecución del plan decidió imponer una multa diaria al presidente de la Autoridad de la Cuenca (Acumar) por falta de acción, una multa que acabó suspendiéndose ante un tímido inicio de acciones. A más de dos años y medio de la sentencia todos los plazos del fallo están incumplidos, aunque sí se reconocen ciertos pasos. Pese a todo, Greenpeace sigue destacando la ausencia de un plan de control industrial que establezca metas progresivas para la reducción de la contaminación. Y en el lado humano, el de las familias que viven en los márgenes del Riachuelo, en constante peligro sanitario y pendientes de relocalización, los planes de vivienda están encharcados, empantanados o enlodados, tanto como las aguas.

Niebla del riachuelo… A tu paso por La Boca, cuando cruza sobre ti el puente del transbordador, cerquita de donde nos deja el 152, los turistas esquivan ese montón de agua podrida. Ellos van a retratar Caminito, el lugar donde nació el tango, las casas de chapas de colores, cuyos habitantes, en su mayoría inmigrantes italianos, coloreaban con la pintura que traían los navegantes y que a menudo no les alcanzaba para pintar una misma casa con un solo color, ventanas por las que asoman personajes pintorescos hechos de cartón piedra, más allá unas vías viejas en las que crece mala hierba y bares de barrio con sillas de plástico colocadas a la sombra donde uno puede comprar un chori pan, empandas y pizza a porciones o sentarse con una milanesa a la napolitana y unos raviolis al truco.

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