Vapur(lar). Rutas marítimas en Estambul.

En Istanbul los barcos que van de Asia a Europa echan humo y hacen sonar sirenas. De Eminönü a Üsküdar, Beşiktas- Kadiköy, Karaköy-Hayderpaşa, de Kabataş a Burgazada y Büyukada. De la cubierta cuelgan flotadores naranjas, la chimenea es amarilla y blanca y tienen nombres como Nurettin Alptogan, Emin Kul o Sehit Metin Sülüs. Los pasajeros esperan en el vestíbulo con impaciencia, toman posiciones antes de que abran las puertas y corren hacia las pasarelas de madera, que ponen y quitan con cada llegada tras amarrar el barco al muelle con cuerdas gruesas, para escoger un buen lugar. Los vapur(lar), como se conoce a este medio de transporte marítimo en Turquía –las letras del paréntesis indican el plural–, a veces navegan entre bruma, en inverno, a días, dejan de circular por la nieve y muchas mañanas andan acompañados de gaviotas que siguen la ruta de las migas de pan, aunque esto ocurre más en los fines de semana.

El vapur  vive en un ajetreo incesante desde que empieza el día hasta las últimas salidas, pero es quizá uno de los personajes más afortunados de la ciudad. Posa y se cruza con la puesta de sol, rayos insolentes que dejan a contraluz el puente y la torre de Gálata, las orillas del cuerno de oro y la silueta de Sultanahmet y Ayasofya. Esquiva buques inmensos, de colores oxidados y enmarecidos, por aquello del largo tiempo convivido con las aguas, que han esperado su turno en el mar de Mármara para cruzar hacia el mar Negro o viceversa, recorrer y remover el Bósforo y provocar olas con jirones blancos. Por la mañana de derecha a izquierda, en las tardes de izquierda a derecha. El vapur, ambidiestro por excelencia, cruza de Europa a Asia y de Asia a Europa con la misma facilidad.

Vapur de camino a Kadiköy, Estambul – Autora: La Funámbula

De entre las múltiples rutas marítimas, un Beşiktas-Kadiköy pasará junto a la torre de la princesa y la estación de trenes de Haydarpaşa, dejando el lado europeo a la derecha, Kabataş y un sinfín de casas amontonadas en las cuestas. Al llegar al muelle de Kadiköy uno puede adentrarse en las calles de este bullicioso barrio, con cafés, librerías y puestos de comida rica y pescado fresco, o girar hacia la derecha, llegar a un globo gigante que hay tocando el mar y encontrar un espigón junto al Mármara donde fotografiar puestas de sol regaladas.

Estación de Hayderpaşa, Estambul – Autora: La Funámbula

Si se opta por el camino a Üsküdar, el pasajero localizará las gradas en las que sentarse para ver otro fin de día y las antenas de Camlica, a lo alto de un monte desde el que observar una urbe desbordada entre mar y mar. Si el viaje lo lleva hacia alguna de las islas Príncipe, pongamos Büyükada o Burgazada, esta segunda más tranquila, menos habitada y visitada por turistas pero con igual o mayor  encanto, transitará asombrado viendo cuán extensa es Istanbul por el lado asiático. Ortaköy, Arnavutköy, Bebek, Rumeli Hisari y más allá quedan en el lado europeo, pero para kumpir(es) –patata hervida y rellena al gusto del consumidor –, gofres de chocolate y frutas, mantis (raviollis a la turca), mansiones, playas improvisadas, alta sociedad, gafas de sol Gucci, Bósforo chic y buques internacionales desafiando puentes,  pasen por allí, puede ser  en forma de tour, de todo un día o algunas horas, o en ferries rápidos que unen los distintos muelles. Avrupa’dan (desde Europa) Asya’ya (hacia Asia), Asya’dan Avrupa’ya (viceversa), decíamos, siendo barcos en Istanbul, ambidiestros de amplia y probada experiencia.

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